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Viviendo la Dehesa con Jairo Restrepo: La trofobiosis (Lanzamiento de clases grabadas)

¿Habéis pensado alguna vez que quizás los insectos que atacan nuestros cultivos no son nuestros enemigos? En el paradigma agrícola actual (extrapolable también a la medicina e incluso a la política y a la sociedad), se entiende el mundo en términos de enemigos y guerras. Gérmenes, virus, insectos, todos están ahí para fastidiarnos en cuanto pueden. Pero existe otra manera de entender el mundo que consiste en asumir que cada organismo cumple una función necesaria para el correcto funcionamiento de todo el sistema. Incluso los insectos. Si entendemos el papel que cada ser juega en este baile que llamamos vida, podremos adaptar nuestro manejo y comportamiento para que exista un equilibrio beneficioso. Citando al maestro Jairo Restrepo:

Los insectos no son enemigos, son bioindicadores del estado de armonía nutricional de una planta”

Esta frase resume el concepto de la trofobiosis. Jairo nos ofreció una clase magistral sobre este tema durante el curso que organizamos junto con Vivencia Dehesa en el marco incomparable de la Dehesa extremeña, entre los días 24 y 27 de octubre de 2013. Una experiencia inolvidable de aprendizaje y fraternidad, que fue inmortalizada para siempre en vídeo. Presentamos hoy en primicia mundial la grabación correspondiente a esta clase. Más abajo hemos incluído un pequeño resumen de los conceptos clave necesarios para entender la trofobiosis. Os recomendamos que veáis el vídeo hasta el final porque guarda una pequeña sorpresa para todos los que asistieron… ¡ESPERAMOS QUE OS GUSTE!

Los insectos son excelentes seres proteosintéticos. Esto significa que son buenos utilizando aminoácidos (moléculas orgánicas básicas indispensables para la vida) para formar estructuras más complejas formadas por muchos aminoácidos, las proteínas.

Los insectos son pésimos seres proteolíticos. Esto significa que no se pueden nutrir de proteínas complejas porque son incapaces de dividirlas en sus partes básicas, los aminoácidos que en última instancia tanto ellos como nosotros utilizamos para construir las distintas estructuras y compuestos necesarios para el correcto funcionamiento del cuerpo. Por eso, los insectos se nutren básicamente de aminoácidos libres y azúcares.

En los insectos predomina la búsqueda constante en las plantas de aminoácidos libres y azúcares.

Las plantas hacen tanto proteosíntesis (formar proteínas a partir de aminoácidos) como proteolisis (descomponer proteínas en los aminoácidos que las constituyen). Cuando predomina un estado de lisis, hay una concentración excesiva de aminoácidos y azúcares libres en los espacios intercelulares y líquidos celulares de las plantas. Existen circunstancias normales en el desarrollo de una planta en las que la lisis predomina sobre la síntesis. Por ejemplo, cuando hay partes en crecimiento la planta ha de disponer de las “piezas sueltas” necesarias para construir las distintas estructuras. Así se entiende que los insectos siempre ataquen las partes más tiernas de una planta. Cuando la planta entra en un estado de armonía donde ya no hay crecimiento, los insectos paran.

Los insectos buscan las plantas donde predomina la lisis sobre la síntesis.

Entonces parece claro que cuanto más rápido sea el proceso de construir la planta, menos posibilidades tienen los insectos. Ahí es donde entra en juego la materia orgánica y las harinas de rocas (minerales). Estas son como la caja de herramientas de un mecánico, cuantas más herramientas y más variadas, más rápido será capaz de montar el motor.

Los insectos no son el enemigo. Son mensajeros que han bajado del cielo para decirnos que lo que estamos haciendo está equivocado.

Esta situación se agrava con las intervenciones de la agricultura química convencional, que por cuatro vías diferentes induce un estado en el que armonía nutricional de la planta se rompe:

  1. Los venenos (hay quien los denomina pesticidas, pero llamemos a las cosas por su nombre) aumentan la concentración de energía en las hojas de las plantas, lo que a su vez atrae a los insectos. Por eso cada vez son necesarias aplicaciones de veneno más frecuentes. El veneno mata a lo insectos pero en seguida llegan nuevas poblaciones atraídas por la comida fácil.

  2. Fertilizante nitrogenado. Se descompone en aminoácidos.

  3. La limitación de los fertilizantes a tres elementos, NPK. Como mínimo la estructura de una planta demanda 43 elementos.

  4. La proporción entre los tres elementos NPK. Estas proporciones vienen impuestas por la conveniencia de la industria.

Por si esto fuera poco, cuando los insectos detectan una abundancia de aminoácidos y azúcares se alteran siete de sus comportamientos: Aumenta la fertilidad, la fecundidad, longevidad, el número de posturas, acortan los ciclos de reproducción, aumenta el número de huevos por postura, y aumenta el número de hembras respecto al de machos. Como veis la madre Naturaleza lo tiene todo pensado.

Tras este pequeño resumen del contenido práctico del vídeo os animamos a dedicar unos minutos a verlo con calma y atención. Esta descripción no hace justicia a la magia con la que Jairo lo cuenta, a su intensidad y su pasión, todo ello capturado en el vídeo. Sus últimas reflexiones sobre la vida no tienen desperdicio. Os dejamos con una de ellas:

La vida es más profunda que el ser humano.