Crisis de fertilizantes y la alternativa regenerativa para la soberanía alimentaria
La guerra en Oriente ha puesto sobre la mesa una realidad incómoda: la extrema fragilidad de un sistema agroalimentario que depende del petróleo y del gas en cada una de las fases productivas, no sólo para el transporte o para el funcionamiento de la maquinaria -eso ya lo sabemos- sino para algo que muchos no saben: la fabricación de los fertilizantes necesarios para cultivar (según el modelo industrial).
Presentamos un breve extracto de un artículo publicado por nuestro compañero David González, de Sustraiak, titulado Fertilizar sin Fósiles: La Fertilización Orgánica Regenerativa como Alternativa Real. Invitamos a leer el artículo en su totalidad en ese enlace.
Un sistema dependiente es un sistema vulnerable
El cierre del estrecho de Ormuz no sólo está desencadenando una crisis energética y económica con consecuencias de largo alcance; también anuncian una crisis alimentaria sin precedentes en países que han apostado por la agricultura industrial, a lo que se suma la deslocalización de la producción de alimentos, que también depende del petróleo.
Afirma David González, «La agricultura industrial contemporánea se sostiene sobre un pilar frágil: la disponibilidad ilimitada de fertilizantes de síntesis química. El nitrógeno sintético, que alimenta más del 40 % de la población mundial, se produce mediante el proceso Haber-Bosch, que consume entre el 1 y el 2 % de toda la energía mundial y que depende, en última instancia, del gas natural. El fósforo y el potasio, por su parte, proceden de yacimientos mineros concentrados en apenas unos pocos países.
"Esta triple dependencia —energética, geopolítica y minera— es una de las vulnerabilidades más profundas del sistema alimentario global."
En su artículo, David Gonzalez subraya que la inestabilidad de los mercados energéticos y las tensiones geopolíticas van a presionar las cadenas de suministro y disparar el precio de los fertilizantes químicos a niveles históricos, llevando a la agricultura al borde de la inviabilidad económica y amenazando la seguridad alimentaria en muchas regiones del planeta. «No se trata de una crisis puntual, sino de la manifestación de una contradicción estructural: un modelo agrícola que devora energía fósil no puede ser sostenible en un mundo con recursos limitados y un clima en transformación.»
La fertilización orgánica regenerativa
La solución, sin embargo, lleva años gestándose, en las fincas de familias agricultoras y ganaderas regenerativos que han demostrado que nutrir los cultivos sin depender del petróleo no solo es posible, sino que puede hacerse con mayor precisión, mayor resiliencia y mas calidad que con los insumos convencionales.
Las alternativas a la fertilización química de síntesis es una necesidad estratégica de primer orden y existen: son viables, escalables y científicamente sólidas. Este artículo presenta las líneas más prometedoras de la fertilización orgánica regenerativa.
«La revolución conceptual que está transformando la agronomía regenerativa parte de un cambio de mirada: dejar de ver el suelo como un sustrato inerte que hay que cargar de nutrientes, y comenzar a entenderlo como un ecosistema vivo, autorregulado y extraordinariamente complejo. Un suelo sano no necesita que le aportemos nitrógeno en forma de urea; tiene la capacidad de fijarlo, movilizarlo, reciclarlo y ponerlo a disposición de las plantas si sus redes biológicas están activas y diversas. Del mismo modo con el fósforo, el potasio o los micronutrientes: el suelo vivo los tiene, los guarda y los libera cuando la planta los necesita, siempre que los procesos ecológicos que articulan esa liberación estén funcionando.»
Desde esta perspectiva, la tarea del agricultor no es tanto aportar nutrientes como crear las condiciones para que los ciclos biológicos del suelo operen con plenitud. Esto abre dos grandes líneas de trabajo que van mucho más allá del compost convencional:
- por un lado, la comprensión y gestión de la red trófica del suelo y los mecanismos microbianos de movilización de nutrientes; por otro,
- el desarrollo de biofertilizantes producidos a la carta en función del cultivo y su estado fenológico.
Ambas líneas se fundamentan en un entendimiento profundo de cómo funciona la nutrición vegetal y de cómo la planta interactúa con su entorno biológico.