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Proyecto Biodiversia: devolviendo la vida a los campos agrícolas

Somos, quizás, la última generación con posibilidades de frenar y revertir el proceso de degradación al que hemos estado sometiendo al planeta. Los propietarios y gestores de tierras tenemos la gran responsabilidad de entregar a nuestros hijos y nietos, y a las futuras generaciones, una tierra y una naturaleza como nosotros la conocimos y disfrutamos cuando éramos pequeños, antes de la industrialización de la agricultura. Ojalá los niños de hoy y de mañana puedan seguir disfrutando de esos campos limpios y llenos de vida, así como preservar su salud, física y mental y su bienestar en base a una naturaleza biodiversa y al consumo de unos alimentos sanos. 

Por Miguel Ángel Gómez, propietario y gestor de la finca La Tejadilla y el proyecto Biodiversia

 

El campo de mi infancia

Mi infancia transcurrió entre libélulas de colores metálicos, ranas comunes y ranitas de San Antonio, sapos, renacuajos en las charcas y en las pisadas de las vacas; descubriendo grillos cebolleros bajo el fango, o capturando saltamontes verdes que saltaban a cientos en la hierba, para alimentar a algún polluelo de alondra, o lo que tocase. 

Todo eso sin salir del herbazal que se formaba en torno a una gran charca que permanecía con agua prácticamente todo el año, y donde se alimentaban las vacas del ganadero del pueblo, al tiempo que esparcían sus boñigas en el suelo, realimentando la huerta y generando biodiversidad.

Naturaleza pura y exuberante nada más salir de casa, en cualquier sitio. Lagartos, lagartijas, culebras, salamanquesas, pájaros de todo tipo, a miles. Manantiales y arroyos de agua clara y permanente

La naturaleza siempre estuvo presente en mis juegos y en los de aquellos niños de los 60, 70 y aún los 80, que vivimos en el campo o cerca del mismo.  Fué así hasta que la agricultura intensiva empezó a consolidarse, y comenzó un declive lento, pero progresivo e imparable de la biodiversidad de nuestros campos.

 

Un paraíso en proceso de desaparecer

Aún recuerdo como un hito el momento en que mi padre nos dijo que el agua del pozo del Cañuelo ya no se podría beber más, porque estaba contaminada por los abonos químicos que le echaban al campo. Fue como una primera e irreversible pérdida, porque en aquel pozo habíamos bebido el agua directamente, un agua exquisita, que sacábamos con un cubo y una garrucha (polea). En ese momento, todo empezaba a cambiar.

Así pues, cada vez más tractores araban y removían la tierra, poniendo al descubierto toda la biodiversidad del suelo, mientras cientos o miles de pajarillos iban detrás del arado alimentándose de animalillos como si no hubiera un mañana.

Esa imagen era preciosa por la cantidad y diversidad de aves que acudían a cualquier terreno donde los arados removían el suelo, sobre todo cuando en el otoño se preparaba la tierra para la siembra. Era el  momento en el que, además de las especies sedentarias, venían millones de aves del norte de Europa a pasar el invierno.

Así pues, entre las garcillas bueyeras que eran las más visibles por su tamaño y color blanco, multitud de lavanderas y avefrías, gorriones, cernícalos y otras muchas aves aprovechaban el movimiento del suelo para alimentarse de hormigas y alúas, grillos, arañas, escarabajos, escolopendras, lombrices, larvas de todo tipo.

Yo no sospechaba entonces que aquello que recuerdo como una imagen bucólica que se repetía cada año representaba realmente el principio del declive. Ahora, 40 o 50 años más tarde, se siguen viendo tractores arando el campo, pero ya no se ven bandadas de pájaros detrás, porque el suelo está muerto después de tantos años de alterarlo. Con la disminución de invertebrados que servían de alimento, también han ido desapareciendo los pájaros que los consumían.

Si al arado le sumamos la cantidad de herbicidas y abonos químicos que año tras año se aplican a los suelos agrícolas, y el uso de semillas tratadas (envenenadas)…, todo eso forma un cóctel que ha acabado ya con posiblemente más de un 70% de la biodiversidad, en una sola generación.

El Informe Planeta Vivo (LPR) 2022 del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) reveló que las poblaciones de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces han sufrido una devastadora disminución promedio del 69% desde 1970.

Estamos hablando de un periodo de 52 años; si lo  ampliamos al periodo entre 1960 y 2026, posiblemente la pérdida sea muy superior. De hecho, en determinadas zonas agrícolas de cultivos intensivos, no se ve un solo pájaro en muchos kilómetros.

 

Finca Tejadilla: una semilla que germinó décadas después

La vida de mi padre estuvo ligada al ganado en el campo desde su infancia hasta la mayoría de edad, aprendiendo desde el propio manejo y doma del ganado hasta las tareas agrícolas con bestias. Mis primeras nociones sobre el funcionamiento del suelo provienen de las historias que él me contaba, del trabajo de los escarabajos peloteros, de las rotaciones de parcelas entre siembras anuales y el aprovechamiento de los pastos para el ganado.  Ese legado y mis experiencias en la naturaleza de mi infancia fueron la semilla que floreció, décadas después, en el proyecto Biodiversia, llevado a cabo en las fincas La Tejadilla y Hacienda Valeria, en la provincia de Sevilla.

Tejadilla, situada en la comarca de Écija y regada en su extremo norte por el río Genil, es una finca de 155 hectáreas en producción con certificación ecológica en la que no se aplican insecticidas, herbicidas ni abonos químicos desde el año 2019, y en la que venimos realizando un esfuerzo continuo en materia de mejora paisajística y medioambiental.

La motivación viene desde el convencimiento propio de que la agricultura puede ser parte de la solución al problema del cambio climático y de la pérdida de biodiversidad.

Después de una vida profesional dedicada al mundo de la informática, en el año 2008 vendí mi empresa para dedicar parte de mi tiempo a reconectar con el mundo que había conocido desde niño, vinculado siempre al campo y a la naturaleza. Pude adquirir Tejadilla, y aprender a gestionar una finca agrícola en convencional.

Me dí cuenta de la gran dependencia de los insumos externos en ese sistema, y del coste que implicaba: proveedores de semillas, fitosanitarios, abonos, energía y combustible, técnicos y asesores, servicios externos, intermediarios, cooperativa… 

Además, la agricultura convencional era incompatible con volver a ver vida en el campo como la conocí, ya que todo pasaba por la muerte y eliminación (insectos, hierba, y con ellos toda la cadena). En la búsqueda de otros modelos, conocí los principios de la agricultura ecológica y de la agricultura regenerativa.

Tomamos la decisión en 2019, después de un episodio de enfermedad grave y fallecimiento de un trabajador después de jubilarse, tras más de 30 años manipulando herbicidas e insecticidas. Aunque no se estableció una relación directa (tampoco se estudió), la mera sospecha fue suficiente para dar el paso definitivo.

Gavilán y ratonero común. Finca Tejadilla

El sueño: reintegrar agricultura y biodiversidad

El cambio a este modelo de agricultura empieza en el suelo.

El suelo

En la medida de lo posible en Tejadilla se realiza una labor de mínimo impacto, sin laboreo en las parcelas dedicadas a los cultivos perennes como el olivar y la alfalfa o el romero, y con un mínimo laboreo para eliminar la competencia en las parcelas de cultivos herbáceos anuales. En éstos, además, se procura rotar con cultivos de especies recomendadas en agricultura ecológica, como la espelta, que, por su alto porte y su capacidad alelopática, contribuyen a controlar las malezas, además de su interés en sí misma.

En las 46 hectáreas que se dedican a olivar, se aplica anualmente entre 6 y 8 tm de compost de estiércol, se pica la leña de poda y se desbroza la hierba dejándola inerte en el suelo formando una capa que lo protege del sol y reduce la evaporación. Todo ello contribuye a la mejora de la estructura, y a un aumento de la materia orgánica y de los microorganismos que dan vida al suelo. Este año 2026, a pesar de las lluvias persistentes del invierno, el suelo ha sido capaz de absorber todo el agua y evitar la erosión.

 

Prácticas agrícolas adecuadas

En todas las actividades que se realizan en la finca se procura generar el menor impacto posible a la biodiversidad, por ejemplo, alargando el período de la siega del cereal hasta mediados o finales de julio, o realizando el último desbroce de la hierba en olivar antes de que las aves que anidan en el suelo, como el alcaraván o la perdiz, empiecen a establecer sus nidos. Siempre se dejan además algunas calles de olivos sin desbrozar.

 

Biodiversidad vegetal

Se han plantado más de 5.000 arbustos y árboles de 30 especies autóctonas, en lindes y zonas improductivas, destacando lentiscos, acebuches, majuelos, jaras blancas y jaguarzos, labiérnagos, aladiernos, rosal silvestre, palmitos, diversas aromáticas y árboles de gran porte como encinas y algarrobos. Todo ello ha contribuido a un espectacular aumento de insectos y aves, y de biodiversidad en general.

 

Perdiz. Finca Tejadilla

Un capítulo especial: las aves

Pollo de cernícalo vulgar. Finca Tejadilla

Otras medidas que de manera proactiva se llevan a cabo en la finca es la instalación de cajas nido para lechuzas, mochuelos, autillos, y cernícalos vulgares. Más de 20 cajas nido instaladas por toda la finca, con un nivel de ocupación casi total. 

Con estas rapaces y otras que anidan por su cuenta como el elanio azul y en ocasiones el aguilucho cenizo, o visitantes como el ratonero y el águila calzada, se combate el topillo de la alfalfa para mantenerlo bajo control, ya que es un huésped muy común en estos cultivos.  

Y como actuación más destacada para la biodiversidad, se ha construido una torre primillar de 7 metros de altura y 60 cajas nido en su interior, para albergar una nueva colonia de cernícalo primilla, pudiendo ser utilizada también por mochuelo y carraca. Se construyó en 2021, y se inauguró ese mismo año con la introducción de 30 pollos de cernícalo primilla cedidos por la oenegé GREFA para ser criados mediante técnica de “hacking” o crianza campestre.

Hasta la temporada de 2025 ya han nacido en el primillar 120 pollos de la especie, por cría natural, y han volado un total de 341 pollosincluyendo los que han sido cedidos por los CREA (Centros de Recuperación de Especies Amenazadas) de la Junta procedentes de varias provincias andaluzas. 

Torre Primillar en olivar. Finca Tejadilla

En 2025 la colonia ya contaba con 14 parejas que vienen criando en los últimos dos años unos 40 pollos por año. En abril de 2026 el primillar parece aumentar de nuevo el número de parejas, aunque no será hasta mediados de junio cuando conozcamos el número real de parejas y de pollos, cuando procedamos a su anillamiento.

Lechuzas blancas en caja nido. Finca Tejadilla

También realizamos reintroducción por técnica de hacking de especies como el mochuelo y el autillo, con ejemplares cedidos por los CREA. La lechuza blanca no ha necesitado ayuda y se ha instalado por su cuenta apenas pusimos las primeras cajas, ocupando en 2025 nada menos que 7 cajas nido con crías, todo debido al aumento de su alimento principal: ratones de campo, musarañas y topillos.

Dentro del proyecto que nos planteamos con la finca Tejadilla estaba la creación de una marca que diera nombre a esta forma de entender la agricultura compatible con la biodiversidad, y en la que, de manera proactiva, se trabaja a favor de la naturaleza. Así nació la idea de BIODIVERSIA, y se adquirió el dominio para crear nuestra página Web donde contamos con más detalle cómo hacemos nuestro trabajo, y en un futuro esperamos disponer de nuestra plataforma de venta online.

También pueden consultarse noticias del proyecto BIODIVERSIA y de Tejadilla consultando en Google “GREFA TEJADILLA”, ya que con GREFA mantenemos un Acuerdo de Custodia del Territorio y realizamos un informe anual con los resultados en materia de biodiversidad de la finca, figurando el proyecto en numerosas citas de noticias emitidas por GREFA y en la Web www.grefa.org (o más concretamente en esta noticia y en esta otra.