Naturales del Sierro: la agroganadería regenerativa trae prosperidad y un futuro ilusionante

En Naturales del Sierro no hay temor a la falta de relevo generacional.  Y no sólo por ser familia numerosa, sino por la ilusión que genera en la siguiente generación participar en un proyecto con sentido y con futuro.  Juntos forman una pequeña cooperativa de gestión comunitaria de la tierra que gestiona Naturales del Sierro, una finca sevillana de más de 300 ha. donde ganadería, agricultura, forestería y naturaleza se funden en un proyecto y una forma de entender la intervención humana que deja muy atrás el concepto no ya de «explotación», sino incluso el de sostenibilidad.  Un lugar donde una agroganadería que imita los patrones de la naturaleza está conduciendo a la regeneración ecosistémica, económica y social. 

Luis Gamero y Anne Rugemer

El salto a la agricultura y ganadería regenerativa sucedió hace cuatro años, después de 16 años de gestión en ecológico.  Ese salto conllevó todo un cambio de paradigma: «hacíamos agricultura y ganadería ecológica, y el cambio a regenerativo supuso un cambio drástico en nuestra forma de entender el campo y gestionar la finca.» – afirma Luis Gamero. 

«La Agricultura y Ganadería Regenerativas buscan devolver la vida perdida al ecosistema, porque no basta con mantener lo que ya está, ni dejar de utilizar insumos externos o productos químicos. Lo que se busca realmente es regenerar el ecosistema, volver a dar a la tierra la vida que ha perdido, y que no pare de evolucionar, que cada año dé un paso más.»

Este es el espíritu que inspira al equipo de Naturales del Sierro, una cooperativa familiar de gestión comunitaria de la tierra cuyo objetivo es «la regeneración del ecosistema agrario y la creación de empleos dignos ligados a las producciones ganadera, agrícola y forestal, considerándolas de manera indisociable y basándose en los procesos naturales en los cuales la función del ganado va mucho más allá de la producción de carne, siendo múltiples los servicios ecosistémicos generados por su correcta gestión»- explican sus gestores.

La finca Naturales de Sierro tiene unas 330 ha, que se divide en parcelas de pasto, dehesa, monte cerrado y cultivos leñosos (algarrobos, olivos, pistachos, almendros) con cobertura vegetal permanente. La finca se pastorea en su totalidad, ya sea con ovejas, cabras o vacas. 

Una explosión de biodiversidad

El enfoque regenerativo de la finca Naturales del Sierro se va traduciendo en una creciente biodiversidad, tanto vegetal como de aves, polinizadores e insectos, anfibios, que va evolucionando año a año.   «Somos aliados de todo un conjunto de seres que están en tu terreno y se trata de ayudarnos mutuamente. Dejamos de ver malas hierbas y plagas y al contrario, estamos aprovechando las sinergias que hay entre las distintas especies y distintos estratos y lo que destacaría más es la satisfacción de ver cómo cambiando ese paradigma todo fluye mucho mejor que cuando nos obstinamos en ir en contra de todos esos procesos«- explica Anne.

 «Con este paradigma, llegas al campo y solamente ves amigos, los insectos te están ayudando a hacer tu trabajo, las plantas no compiten sino que benefician a tus cultivos, esta forma de verlo cambia la filosofía del ganadero o del agricultor.  Las consecuencias sobre la biodiversidad vegetal también son evidentes.  «Cuando empezamos con el pastoreo racional, aquí todo era prácticamente todo y ahora está evolucionado hacia una pradera más equilibrada, con gramíneas y leguminosas y muchas otras plantas. Se nota que en el ecosistema hay muchos más pájaros, insectos, reptiles… se ve vida. Cuando esto eran campos de cultivos anuales, no había vida y el suelo estaba destrozado» – asevera Luis.

 

Imitar los patrones de la naturaleza

¿Y cómo se consigue esta evolución?   El manejo del ganado sigue el modelo del Pastoreo Racional Voisin, tanto en las áreas tradicionales de pastos como en zonas de cultivos, principalmente leñosos. Para ello la finca se divide en parcelas lo más pequeñas posibles para mover diariamente el ganado, según las necesidades de cada zona. La acción de los animales (consumo y transformación de la vegetación en estiércol, pisoteo, propagación de semillas, etc.) constituye la base que retroalimenta el sistema y permite incrementar la fertilidad, la capacidad de infiltración y retención de agua en el suelo, la biodiversidad y la satisfacción del nuestro equipo humano.  

Para regenerar el ecosistema y el suelo es necesario mantener una cubierta permanente, ya sea viva o inerte (paja, lana de oveja o restos de poda triturado). De esa forma se evita la radiación directa del sol sobre el suelo, los suelos se conservan más frescos, se retiene mejor la humedad y se mejora la infiltración de agua, además de servir de refugio a la biodiversidad.

 

 

Independencia, creatividad y aprendizaje constante

Una de las ventajas de trabajar con la naturaleza y no depender de productos externos es la creatividad.  «No hay una fórmula estática. No tenemos una receta de un perito que diga que hay que echar tal y tal producto o labrar en tal fecha. Aquí no, aquí cada año es diferente, cada año hacemos según nos parece que se necesita, adaptándonos a las circunstancias concretas de la temporada y pensando siempre en regenerar. No hay una fórmula escrita, es irla descubriendo y evolucionando con el ecosistema»- resalta Luis.

El hecho de ser realmente actores y poder actuar sobre los parámetros de la producción quizá sea la diferencia más grande. La ausencia de dependencia nos permite ser creativos en este trabajo y evolucionar adaptándonos a las situacionesconcluye Anne.

El trabajo en la finca no es algo estático, es muy estimulante y un aprendizaje continuo, tanto para los mayores del proyecto como para los jóvenes» – afirma Anne.

Animales más sanos, alimentos más sanos

El movimiento constante del ganado siguiendo el patrón natural tiene consecuencias no sólo sobre los ecosistemas, sino sobre la salud de los animales. Una vez que ha pasado el ganado por una parcela se deja un periodo de reposo bastante largo, de meses y a veces un año según necesite la parcela. De esta forma el pasto se regenera y vuelve a crecer con fuerza. Así, cuando vuelven a pastar en la parcela, los animales encontrarán un pasto de calidad, con mayor biodiversidad de especies.  Y algo muy importante: «al mover diariamente el ganado se evita que coman donde cagan.  Al dejar la bosta en una parcela durante meses sin animales se rompe el ciclo de los parásitos tanto intestinales como garrapatas, pulgas etc. y los animales están más sanos en general.» 

Como todo está unido, una mejor salud de los animales también repercute en quienes consumen esa carne: «El pastoreo dirigido mejora en primer lugar la salud del suelo, y también la salud del ganado y la salud del consumidor que consume ese producto regenerativo.  Al alimentarse solo a pasto, la carne tiene muchos más nutrientes, mejor relación entre los ácidos grados omega 3 y 6 y el producto final tiene más calidad, tanto nutricional como de sabor.»

 

«Es un proyecto muy estimulante por los resultados observados en el ecosistema desde el cambio a regenerativa, por el carácter intergeneracional de su equipo fijo, por la dinámica de integración de voluntarios motivados y por el intercambio con otras fincas y entidades afines a la regeneración»

Un futuro ilusionante

Naturales del Sierro demuestra que la regeneración del agroecosistema tiene efectos transgeneracionales.  Frente a una tendencia generalizada de huida del campo por los inconvenientes que conlleva el manejo convencional, las familias productoras en regenerativo ven un futuro mucho más optimista.  La evolución positiva constante de la finca ha atraído no sólo a los hijos y sobrinos, sino incluso a los amigos de ellos, que se ofrecen cada vez que pueden para echar una mano.  «En nuestro caso lo hemos tenido más fácil porque vemos la evolución de la finca, cómo va mejorando el suelo, el ecosistema, cada año se ven más pájaros…  También vemos que la economía de la finca  tiene futuro, porque con la agricultura regenerativa todo va a mejor, ecosistémicamente, económicamente y socialmente también. Si mejora el suelo, mejora la productividad. Hay ilusión y también retos, pero se afrontan con optimismo»– afirma Luis Gamero.  

«En el contexto actual el tema del relevo generacional siempre se comenta de manera muy negativa.  Los hijos a menudo no quieren seguir con la actividad agraria, y muchas veces los propios padres desaniman a sus hijos por las dificultades que puede tener la profesión. En nuestra familia ha sido todo lo contrario, el hecho de vivir en el campo y trabajar con animales y con plantas para nosotros es una fuente de satisfacción. También son muchos retos, pero los vemos positivamente.  Somos una familia numerosa, tenemos hijos y sobrinos implicados en la cooperativa y es una alegría verlos tan ilusionados como nosotros«- concluye Anne.