Hojas muertas: un regalo del otoño para nuestros suelos y ecosistemas
Tras la exuberancia del verano llega el otoño, un bálsamo para los sentidos y una invitación a recogerse hacia adentro, tal como lo hace la naturaleza. La belleza de sus colores embriaga a unos, pero a otros parece incomodar, aquellos que ven en las hojas muertas «suciedad». Lo cierto es que nada en la naturaleza ocurre por azar, y la hojarasca otoñal no sólo es bella, también cumple una función ecológica fundamental para la nutrición del suelo, la biodiversidad e incluso la regulación del clima.
Hojarasca del otoño: un valioso recurso regenerativo
Lejos de ser «basura», las hojas muertas son un recurso valioso de la naturaleza que alimenta la vida. Algunas funciones ecológicas de la hojarasca de otoño son:
El suelo
- Remineralizan el suelo. Las profundas raíces de los árboles consiguen llegar hasta la roca madre gracias a la acción de los hongos micorrizas, filamentos que se adhieren a los extremos de las raíces y contribuiyen a la alimentación del árbol. Los hongos disuelven poco a poco la roca, las raíces absorben estos minerales y a través de la savia circulan por toda la estructura del árbol y las hojas. Cuando estas hojas caen al suelo y se descomponen, los minerales se incorporan al suelo, y son utilizados por las plantas.
- Alimentan la microbiología del suelo. Los minerales no está disponibles directamente, sino que deben ser transformados en compuestos biodisponibles, gracias a la acción de los microorganismos. Como todo en la naturaleza está en perfecto equilibrio, las hojas de los árboles proporcionan a su vez alimento a la microfauna descomponedora: lombrices, bacterias, hongos.
- Aumentan la fertilidad del suelo. El fruto de esta actividad descomponedora es el humus, esa capa fértil rica en microorganismos, nutrientes y carbono que sostiene la vida en la tierra.
- Aportan cobertura protectora al suelo. El suelo a la intemperie es vulnerable a la lluvia, el viento y al sol en verano. La capa de hojas protege el suelo y los organismos que alberga de las inclemencias del tiempo y previene la erosión. Por ello muchos horticultores ecológicos no dudan en cubrir sus bancales en otoño con la hojarasca, que además de proteger el terreno lo nutre.
- En entornos agrícolas y ganaderos, la presencia de árboles de hoja caduca garantiza un aporte constante de este material biológico que ayuda a nutrir y cubrir el suelo, mantener la humedad y potenciar la biodiversidad y resiliencia del agroecosistema.
Antes de que las políticas institucionales favorecieron la eliminación de setos y árboles en zonas agroganaderas, los árboles siempre contribuyeron a la fertilidad, biodiversidad, estabilidad y resiliencia de los agroecosistemas.
Regulación del clima
La hojarasca de los árboles caducifolios tiene una influencia indirecta sobre el clima, a través de varios mecanismos, relacionados entre sí:
- Aumenta la proporción de carbono del suelo. La descomposición de las hojas llevado a cabo por las lombrices, hongos y otros microorganismos convierte este valioso material en tierra fértil, el humus. Esta capa fértil es rica en carbono, y fácil de reconocer por su color y olor en el suelo oscuro del bosque.
- Un suelo rico en carbono multiplica su capacidad para retener agua de lluvia. Un suelo capaz de retener agua es capaz de sostener la biodiversidad que activa el ciclo del agua local, verdadero regulador del clima.
- La contribución a la formación de nubes es otra de las funciones de la hojarasca. Las hojas de los árboles se descomponen gracias a la acción de diversos microorganismos. Uno de ellos son las pseudomonas syringae, unas bacterias que ascienden a las nubes junto con el vapor de agua de la evapotranspiración. Al llegar a zonas altas de la atmósfera, más frías, estas bacterias se comportan como núcleos de condensación que transforman el vapor de agua en gotas, dando lugar a precipitaciones.
Las lluvias suaves y frecuentes contribuyen a prevenir los fenómenos climáticos extremos.
- Una buena cobertura de hojas protege el suelo de la erosión y evita variaciones de temperatura extremas.
Refugio de biodiversidad
Además de favorecer la actividad de microorganismos descomponedores, como son bacterias y hongos, además de las lombrices, la hojarasca alberga otro tipo de biodiversidad. Esta capa de hojas es refugio invernal de erizos, ranas, salamandras y una gran variedad de pequeña fauna. Sin una buena cobertura de hojas toda esta biodiversidad no puede prosperar.
A su vez, esta pequeña fauna contribuye con sus heces a enriquecer la microbiologia del suelo y activar la descomposición de las hojas.
La capa de hojas muertas también es vivero y hogar de los insectos y polinizadores que nacerán en primavera. Algunas especies de abejorros se desarrollan en pequeños nidos que crean con hojas muertas de arboles; otras anidan en el suelo, razón de más para no disturbarlo y dejar en su sitio la capa protectora natural.
Gestionar la hojarasca: la importancia del sentido común
¿Debemos entonces dejar las hojas donde caen? ¡Depende! No es lo mismo un entorno urbano que periurbano o rural. Pero incluso cuando no es posible dejarlas donde caen, que en principio sería lo ideal, podemos gestionarlas de la mejor manera posible.
- Si es necesario recoger las hojas porque están en un lugar inapropiado, siempre es mejor el rastrillo que el soplador de hojas, si es posible. Esta herramienta daña los insectos y sus huevos, disturba y asusta la pequeña fauna y altera el entorno con su contaminación acústica.
- En un entorno urbano, cuando caen en cemento, las hojas pueden resultar resbalosas y provocar caídas. Por ello, es razonable recogerlas con cuidado para no lastimar huevos de polinizadores e insectos beneficiosos.
Pero sí se pueden usar como cobertura en jardines y parterres, utilizar como acolchado invernal en el huerto, o como mínimo añadirlas al compost.
- Una capa espesa de hojas sobre el césped puede ahogarlo, pueden dejarse algunas, triturarlas ligeramente y trasladar las otras a bancales o parterres, o depositarlas en pinares y zonas verdes con escasa materia orgánica. Hay ocasiones, como en la imagen de la derecha, en que el suelo necesitado se encuentra a escasos metros de donde se encuentran las hojas.
- Muchas ciudades y parques tienen en sus calles plátanos de sombra cuyas hojas se descomponen con mucha dificultad y requieren ser recogidas y trituradas.
