Foto de portada: Juan Rafael Nieto, vecino de Grazalema pastoreando su rebaño para dirigir su impacto. Foto de la Asociacion Grazalema Regenerativa.
El fuego ocurrido a principios de julio en la Sierra de Grazalema afectó de forma muy diferente a distintas zonas de las fincas, en función de si habían sido pastoreadas o no, dejándonos la evidencia de que la presencia de ganado bien gestionado en el territorio es capaz de ralentizar e incluso detener el fuego.
Esto confirma que, a la hora de prevenir o minimizar los efectos del fuego, la herbivoría y concretamente el pastoreo dirigido es una pieza fundamental del rompecabezas.
Aprendizajes desde el Tambor del Llano
El incendio sucedido en La finca El Tambor del Llano, que lamentablemente afectó a varias fincas vecinas, dejó algo más que 220 hectáreas calcinadas: también ha dejado algunas evidencias sobre cómo se comportan los paisajes mediterráneos ante el fuego en función de la gestión, el tipo de vegetación, el estado del suelo, la existencia de herbívoros silvestres o domésticos, y cómo es manejado el ganado que esté en el territorio. Puedes escuchar y ver un análisis inicial sobre el terreno en este video de 3 mins.
El valor de estas enseñanzas es que son extrapolables a otros entornos similares y pueden ayudar a dilucidar cuáles son las prácticas más adecuadas para disminuir el riesgo y el daño de los incendios.
Mientras las jaras ardieron y propagaron el incendio a toda velocidad, las zonas que habían sido pastadas con rebaños de ovejas según el modelo regenerativo se quemaron mucho menos, o directamente detuvieron el fuego.
Las zonas de difícil acceso para las ovejas fueron las más castigadas.
La vegetación de la finca El Tambor del Llano, situada dentro del Parque Natural de la Sierra de Grazalema, está compuesta mayoritariamente por alcornoques y encinas, con algunas zonas ocupadas con jaras. Como en el caso de El viñedo que se salvó del agua, fue el hecho de encontrarse en transición a la gestión regenerativa lo que ha permitido observar la diferencia en el comportamiento ante el fuego entre las zonas gestionadas regenerativamente y las que no. Según sus propietarios, Carmen y Alvaro Bueno, y el técnico de Ecuorum que les ha visitado tras el incendio, Paco Rodríguez León, estas evidencias pueden convertir la finca en un auténtico laboratorio vivo para observar el proceso de recuperación y comprobar cuáles son las prácticas de gestión del territorio más adecuadas para prevenir y minimizar el riesgo de futuros incendios o la gravedad de éstos.
Es necesario precisar que hablamos de ganadería regenerativa, no simplemente de animales sueltos en el terreno. La ganadería regenerativa gestiona el ganado imitando los patrones de la naturaleza, esto es, con alta carga animal, un tiempo corto de permanencia en cada parcela y periodos largos entre una pasada del rebaño y la siguiente en la misma parcela. Este sistema replica la dinámica de las manadas salvajes, y permite una regeneración profunda del suelo y de la pradera, así como acelerar fases en la sucesión ecológica de zonas degradadas.
Más allá de gestionar la biomasa
Imagen tomada en la linde de la finca Naturales del Sierro (Sevilla) durante las lluvias de febrero pasado. La finca está gestionada con pastoreo regenerativo. Su color verde y ausencia de charcos indica que el terreno ha absorbido perfectamente el agua de lluvia. En la finca de la izquierda, gestionada de forma convencional, el agua se queda en la superficie, sin llegar a infiltrarse bien en el terreno y expuesta a la evaporación. Si estuviera en pendiente, habría escorrentía y pérdida de suelo.
Se podría pensar que lo que detuvo el incendio fue la escasez de combustible en las zonas pastoreadas, pero esa es solo una parte. Otra parte es el grado de materia orgánica del suelo y de hidratación del territorio, lo que también influye en su vulnerabilidad al fuego.
El pastoreo dirigido aumenta la materia orgánica y la microbiología en el suelo gracias al estiércol animal, y al nitrógeno aportado por la orina, que nutre el suelo y favorece la incorporación de carbono.
Según revelan investigaciones realizadas por el CREAF, los pastizales gestionados mediante pastoreo dirigido incorporan alrededor de tres veces más carbono al año al suelo que el pasto sin gestionar.
A su vez, el carbono presente en el suelo en forma de compuestos orgánicos tiene una enorme capacidad para retener agua de lluvia, convirtiéndolo en una esponja cuando llueve. Este efecto esponja permite que el agua de lluvia se infiltre en profundidad, hidrate el terreno y su vegetación, y contribuya a alimentar los acuíferos.
Según datos del departamento de Agricultura de EEUU, un aumento de 1% del materia orgánica en el suelo aumenta su capacidad de almacenar agua en 190.000 litros de agua por hectárea y año. Y un terreno bien hidratado es capaz de sostener un tipo de vegetación que no arde tan fácilmente.
Los herbívoros son parte del ecosistema
«Cuando no pastan los animales,
pasta el fuego»
Paco Rodriguez León
La escasez de herbívoros en los ecosistemas, tanto domésticos como silvestres, es un verdadero problema, pues son una pieza clave en su regeneración continua. Su desaparición del territorio se debe a diversos factores relacionados con la actividad humana.
Por una parte, la ganadería, antiguamente integrada en el paisaje, se ha transformado en gran medida en una industria en la que los animales permanecen confinados en grandes naves y son alimentados con piensos que a menudo vienen de lejos, incluso de otros continentes.
Al separar a los animales del terreno se rompen los ciclos: el alimento del ganado ya no se produce y se pasta localmente, sino que se compra pienso; y los excrementos, lejos de nutrir el suelo y su microbiología, se convierten en residuos contaminantes.
Llevar a los animales a territorios comunitarios en ciertos momentos del año, una práctica antiguamente muy común, se ha convertido en una misión imposible por la terrible burocracia y los costes asociados.
Afortunadamente, aún quedan vestigios de trashumancia, que entidades como la plataforma para la ganadería extensiva y el pastoralismo se esfuerzan por mantener y potenciar.
Por otra parte, cabe preguntarse si la fauna salvaje natural de la península, como ciervos, corzos y otros mamíferos naturales de la península, puede prosperar con la misma facilidad en los grandes monocultivos de pino y eucalipto de repoblación que ocupan tanta extensión de norte a sur -tan proclives a incendiarse cada cierto tiempo- como en los bosques autóctonos que es su hábitat natural.
Los paisajes mosaico son más resilientes
La finca viticultora regenerativa Quinta de Covela. Monçao, Portugal
Otro factor que incide en el riesgo de incendio es el diseño mismo del territorio.
Los grandes incendios de la última década, como el de la Sierra de Gata, nos han dejado algunas enseñanzas sobre la protección que confieren los paisajes biodiversos y discontinuos, en forma de «mosaico». Uno de los hechos que llamaron la atención en esos incendios fue el efecto cortafuego de los viñedos, cuyas hojas arden con mucha dificultad. La naturaleza se autorregula mejor cuando el paisaje se compone de bosques, pastos, dehesa, viñas y cultivos, con corredores de biodiversidad conectando todo ese tejido productivo y silvestre. Este tipo de paisaje es mucho más biodiverso, productivo y resiliente que las grandes extensiones de bosques o plantaciones de árboles.
Paco Rodriguez León, técnico de Ecuorum servicios ecosistémicos, insiste en que las zonas de los valles, con una mayor cantidad de suelo, son más adecuadas como pasto o cultivos, mientras que las zonas más elevadas, donde hay menos suelo, son mejor aprovechadas por árboles de especies adecuadas al lugar, que puedan proporcionar una abundante cosecha de bellotas y otros frutos de alto valor nutritivo para los animales, ademas de proporcionar otros valiosos servicios ecosistémicos relacionados con la fertilidad, la biodiversidad y la regulación del clima.
Se están diseñando intervenciones para regenerar este lugar quemado con el consejo de Paco Rodríguez León. Seguiremos informando en este espacio y en nuestras redes sociales, porque un objetivo y deseo es que este desastre se convierta en un laboratorio de regeneración de paisajes mediterráneos incendiados, y que pueda servir para muchas personas afectadas, devolviendo la esperanza a través de una acción capacitada y colectiva.
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