La Eurocámara aprueba una ley que desregula los alimentos “genéticamente editados”

Ingeniería del lenguaje para que consumas alimentos producidos mediante “edición de genes”  sin que lo sepas ni consientas.

 

2026 está siendo prolífico en malas noticias provenientes de Bruselas, que afectan de pleno al sector primario europeo y a los consumidores.  Si hace dos meses asistíamos a la aprobación del tratado de libre comercio Mercosur, que pone en riesgo el futuro de la producción agrícola y ganadera europea y su soberanía alimentaria, ahora le ha tocado el turno a los alimentos “editados genéticamente”, aprobados por la eurocámara a pesar de la oposición de organizaciones agrarias, ecologistas y de consumidores, que tampoco en este caso han sido escuchadas (¿todo para el pueblo pero sin el pueblo ?.

Hablamos de una nueva categoría de alimentos producidos con “nuevas técnicas genómicas” (NGT). Se presentan como un motor de innovación por la agroindustria y las instituciones europeas, pero aunque conllevan riesgos medioambientales y sobre la salud no evaluados, una vulneración del derecho de los consumidores a conocer y a decidir, y una mayor concentración de poder en manos de la agroindustria.

La normativa distingue entre aquellos alimentos que han sido modificados introduciendo genes de otras especies (NGT2=tránsgenicos)  de los obtenidos modificando directamente los genes de la planta mediante «edición genética» (NGT1).  

Mientras los primeros sí se consideran «genéticamente manipulados» y continuarán sujetos a una regulación estricta en la UE, la nueva ley equipara a los segundos con los alimentos «convencionales», por lo que los fabricantes no estarán sujetos a los mismos mecanismos de seguridad y control, trazabilidad y etiquetado a los que sí están sujetos los alimentos modificados genéticamente.

El argumento para distinguir los NGT1 de los NGT2 es que los cambios genéticos en los NGT1  “podrían haberse producido de forma natural”  atribuyéndose la industria unas notables dotes de adivinación sobre la evolución genética de las especies, y la prerrogativa de apropiarse por vía de patentes de un patrimonio genético que no es suyo.

 

Un juego de palabras para despistar

Parecía que con el término  “edición genética”, más «light» que “modificación genética”, se conseguía dar de credibilidad y protección al consumidor.  Pero consultando en el diccionario de la Real Academia Española sobre el significado real de las palabras encontramos esto:

Modificar =  Transformar o cambiar algo mudando alguna de sus características

Editar =  Modificar [un documento o archivo]

Es decir, que por mucho que legisladores e industria hagan ingeniería con el lenguaje, “editar” es “modificar”.  Y así, con este truco lingüístico que equipara los alimentos “editados genéticamente” con los que no lo están, la eurocámara ha abierto a la industria la puerta de atrás para inundar el campo y los cuerpos de los europeos con lo que lo que tengan a bien “editar”.  Y lo podrán hacer sin suficiente evaluación de seguridad ni informar al consumidor ni darle la oportunidad de decidir si quiere consumirlos o no.

Resulta curioso que cada paciente tenga que firmar el consentimiento informado ante cualquier intervención médica, previa información de los riesgos y alternativas a dicha intervención, o que para navegar por un sitio web éste tenga que recabar el consentimiento del usuario, y sin embargo los consumidores no tengamos modo de saber ni decidir qué entra en nuestro cuerpo varias veces al día, porque la administración ha eximido a los productores de informar y de responsabilidad sobre los efectos colaterales.

 

Puntos conflictivos de esta ley

Expertos y asociaciones de productores y consumidores se llevan las manos a la cabeza ante una normativa que va en dirección opuesta al principio de precaución, que vulnera los derechos de los consumidores y favorece la acumulación de poder de la agroindustria.  Recogemos los puntos más conflictivos de la misma:

  • Falta de evaluación del impacto sobre la salud y el medio natural de estas semillas “editadas” (RAE: modificadas) genéticamente, y su impacto sobre el suelo, insectos, polinizadores y toda la cadena alimentaria.
  • Efectos desconocidos sobre la biodiversidad y contaminación genética de las plantas, efectos que una vez desencadenados son incontrolables e irreversibles.
  • Privatización del patrimonio genético colectivo por vía de patentes.
  • Falta de transparencia y ocultación de información a consumidores, socavando el derecho a decidir qué se consume.
 

La solución no es seguir manipulando, sino regenerar

Según legisladores e industria, estas “innovaciones” están encaminadas a cultivar variedades de plantas más resistentes a los extremos climáticos y las plagas, aumentar las cosechas y reducir los requerimientos de fertilizantes y pesticidas. 

La reflexión es que, como decía Einstein, difícilmente un problema puede ser resuelto desde el mismo nivel de conciencia que lo creó. Si gran parte de los problemas de degradación ambiental y de la producción alimentaria son el fruto de su industrialización, cabe preguntarse si las propuestas de “solución” dentro de la misma línea de pensamiento que generó esos problemas no son sino una nueva vuelta de tuerca, capaz de generar nuevos efectos colaterales.

La realidad es que todos esos desafíos que se supone que van a resolver estas técnicas han demostrado evitarse cuando se trabaja con, y no a expensas de, la naturaleza. 

La rueda ya está inventada: la Agricultura regenerativa regenera el suelo, su microbiología y fertilidad, la biodiversidad, la calidad de los alimentos, y lo hace contribuyendo a la regulación del clima y reduciendo o eliminando su dependencia de la industria.

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